Como en la vida, todo lo que nos rodea ofrece la posibilidad y desafía nuestra capacidad para elegir. Bajo presión, relajadamente, pero que no conlleve repercusiones, que es más cómodo. En pareja (o en número par) te da seguridad, reduce el margen de error, se mitigan las consecuencias. En grupo, igual, aunque se presente otro factor como el de la diversidad de opiniones y la correlación directa a la dificultad en llegar a un consenso, a una unanimidad. En todo lado opuesto de un número par, se encuentra el factor de desempate. El quórum, en todo caso. Un mínimo. Lo necesario para tomar una decisión. O el factor de atractividad que muchas veces se intuye como algo negativo, lo que se llama el tercero en discordia, el underdog, el patito feo, aquél al que nadie mira ni da importancia y si hace algo significativo sorprende y nos lleva a decir en voz bien alta: Ah…pero yo lo venía venir, ya lo sabía me lo olía! Pues claro… Algo así como la Jugoplastika que se presentó en Abril de 1989 en la F4 de Münich. En olor de juventudes. Y pasó lo que pasó. Pero claro, a toro pasado lo intuíamos…

Los triángulos son necesarios. Interesantes, desafiantes, casi insultantes. No por tener necesariamente los lados iguales. Más bien por el hecho de que te meten en la encrucijada de tener que decidir y, encima, que te tengas que comer las consecuencias! Pero que me estás contando! Encima! Aunque, por suerte, algunas de las páginas más bellas de la historia del baloncesto se escribieron teniendo a esta figura geométrica como telón de fondo.

LA REPÚBLICA FEDERAL SOCIALISTA DE YUGOSLAVIA

El mismísimo Adilson Nascimento (mundialista con la selección de Brasil en Filipinas´78, dedicó parte de su carrera a jugar en Portugal – Barreirense e Imortal de Albufeira), lo refería en una entrevista a la extinta revista portuguesa Basket (edición nº 12, Abril-Mayo de 1983): “El país que más me impresionó fue Yugoslavia. Un país que tiene 300.000 atletas inscritos en la federación y es un país que tiene una infraestructura de trabajo impresionante. (…) El técnico de la selección elige a los técnicos de los juniors y a los de las demás categorías de base, para que tengan un trabajo común, hasta que esos atletas lleguen a la selección senior. En Brasil es diferente, los técnicos de junior y senior están en desacuerdo, no se hablan, no se llevan, entonces ello obstaculiza el trabajo, un trabajo que hay que seguir, continuado, gradual. (…) Sería muy positivo que vosotros, en Portugal, tuviéseis contacto con algún directivo yugoslavo, para os pudiese enseñar algo a través de cursos de formación. Lo que ellos son capaces de hacer en ese país, en lo que se refiere a campeonatos, a la gestión, a la formación de atletas, en la formación de estructuras, de adaptación a nivel financiero y de las especificaciones de un equipo!”

Zeljko Obradovic y Aleksandar Nikolic

Yugoslavia siempre tuvo encanto, mala leche, picardía, acompañada por una disciplina férrea y un talento que brotaba prácticamente sin límites en lo que a baloncesto se refiere. Lejos geográficamente pero en la cúspide del buen hacer en el baloncesto de formación. Los que no prestaron atención hasta Bormio´87 solo pudieron decir: Ostia! Quién es este? Resulta que era Toni Kukoč, cuando aún no era la Pantera Rosa de Split. El jugador total. Un 2,11 que podía postear, cruzar la cancha como un tráiler para recibir la asistencia en el contra-ataque y subir el balón, encorvadísimo, sin perder la perspectiva de lo que pasa delante de sus ojos.

Y en estas, echando la vista atrás, encontramos a tres lados de un triángulo a los que en Zagreb, Belgrado, Bolonia, Barcelona y Zaragoza todavía añoran. Donde podríamos decir que floreció muchísima calidad, transformada en el buen hacer en la cancha y, posteriormente, reflejado en nobles metales.

Novo Miloševo, Serbia

En Novo Miloševo, Serbia Central, en la frontera con Rumanía, a tiro de piedra de Timișoara, nació Ranko Žeravica (1929-2015). Teniendo a Novosel como discípulo y entrenador ayudante, dejó a la selección tras los Juegos Olímpicos de Münich´72 para irse al Partizán Belgrado. Era más que natural que Novosel tomara al equipo nacional bajo su mando. Žeravica fue un entrenador hecho a si mismo en la década de los 50, sin internet, sin televisión, confiando solamente en libros, en el método de intentar y equivocarse como forma de encontrar soluciones, en su intuición y en la experiencia adquirida. A semejanza de lo que hicieron Pedro Ferrándiz y Aleksandar Gomelsky.

Zagreb, Croacia

Mirko Novosel (1938), nació en Zagreb, Croacia. Tío práctico donde los haya, una hepatitis le llevó a tomar las riendas del equipo femenino del Lokomotiva Zagreb en 1956. Lo ha sido todo en este deporte. En la primera edición de Eurobasket en categoría cadete disputada en 1971 en Italia, se llevó la medalla de oro contando con jugadores de la talla de Mirza Delibasic, Dragan Kicanovic, Dragan Todoric y Rajko Zizic. Ganaron la final ante Italia por 74-60. Y al año siguiente, en el Eurobasket junior disputado en Zadar, la misma generación más Zeljko Jerkov y Cedomir Perincic se colgó otra medalla de oro. Mentor de aquella Cibona que reventó el orgullo del Real Madrid (y, particularmente, de Juan Manuel López Iturriaga) en 5 ocasiones en Copa de Europa, entre las temporadas 84-85 y 85-86. Eso sí, después de reclutar a Drazen Petrovic al Sibenka Sibenik. Pero es que el bueno de Drazen ya sabía lo que implicaba jugar finales europeas al haber llegado anteriormente con el Sibenka a la final de la Korac, en las temporadas 81-82 y 82-83. Ya dominaba el tema. En resumen, en sus años de mayor notoriedad, por así decirlo, su labor se asemejaba en cierto modo a la de Pedro Ferrándiz en el Real Madrid. O a la de Alex Ferguson en el Manchester United. El entrenador que tomaba todas las decisiones sobre el equipo.

Sarajevo, Bosnia

Aleksandar Nikolić (1924-2000). El profesor. No solamente de educación física, su ocupación académica. De baloncesto. Un manantial de sabiduría. La defensa como justificación principal para ganar un partido. El activista de la no-especialización del jugador. El baptismo de fuego como mejor método para fraguar el espíritu de un jugador joven, lo que forja la determinación y la voluntad. La oportunidad de equivocarse. Que se lo digan a Doug Moe, a Manuel Raga o a Dino Meneghin. 3 Euroligas que pudieron ser más. El entrenador al que muchos denominan como el padre del baloncesto yugoslavo. Reconocer que, al contrario del ajedrez, planeas y decides, pero quien lo materializa en la cancha es el jugador. Y, de una forma u otra, estar en paz con ese aspecto.

3 lados, 3 vértices de un triángulo que maravilló al mundo y que dió frutos a la cesta del baloncesto de formación yugoslavo y europeo. Su herencia se mantiene, se analiza, se copia. Aunque el caprichoso destino no nos permitiera asistir a un partido oficial entre El Dream Team´92 y la selección yugoslava. La verdad, por desgracia, nos enseña que no se puede tener todo bajo control.

WALTER MEANWELL, JUSTIN MCCARTHY BARRY Y MORICE FREDRICK WINTER RESALTARON LA GENEROSIDAD EN MICHAEL JORDAN

Scott Cacciola refirió en 2014, en el New York Times: “El triángulo predica la lectura y la exposición de puntos débiles en la defensa. El triángulo – realmente existe un triángulo formado por los jugadores en el poste, en el alero y en la esquina del lado fuerte del campo – se mueve alrededor de siete principios fundamentales que incluyen mantener el espacio adecuado (entre 4,5 y 6 metros entre los jugadores), penetraciones utilizando el pase y el intercambio de posiciones. Cada jugador debería ser capaz de anotar desde diferentes ángulos”.

Walter Meanwell fue entrenador de fútbol americano antes de dedicarse al baloncesto. En esa transición de un deporte a otro, introdujo el principio de la defensa en línea. Justin McCarthy Barry (que hizo su formación como asistente de Meanwell en la universidad de Wisconsin) implementó posteriormente, en la Universidad de Southern California, una filosofía de ataque en la que primaban rutinas basadas en la obtención de espacios, cortes hacia canasta y pases rápidos. Jugadas basadas en saber en cada momento dónde estaban los diferentes ángulos en la jugada. De ahí, el base de su equipo y un excelente alumno de Geometría, Tex Winter, aprovechó al máximo las virtudes de esta forma de jugar. Eso y el hecho de que estaba acompañado en ese equipo por el pívot Alex Hannum y por el escolta Bill Sharman. La prueba de como un sistema, en particular este sistema, necesita a jugadores ágiles mentalmente para absorberlo y ponerlo en práctica.

Phil Jackson, diametralmente opuesto a la filosofía de Doug Collins “Get the ball to Michael and get the fuck out of the way!”, hippie, desgarbado, hijo de pastores pentecostales, apologista de la soledad de Montana opuesta al frenesí de Chicago, lo tuvo claro.

Scottie Pippen, el point forward de Phil Jackson

La paradoja del egoísmo, manifestada en un sistema que, debidamente interiorizado, permite oportunidades de finalización a todos sus intérpretes. Implementado sin calzador, a diferencia del trueque que llevó a Charles Oakley a New York y a Bill Cartwright a Chicago, lo que fue básicamente un aviso sin anestesia para Michael Jordan, aunque con evidentes beneficios a posteriori para el equipo. Ello permitió la culminación del trabajo de la forma deseada por Jackson tres temporadas después. Añadiendo un trabajo mental demorado, curativo y reposando las bases del pensamiento libre y, si me apuran, del perdón, moving on. El resultado? Los Detroit Pistons con Isiah Thomas a la cabeza abandonando el parquet del Auburn Hills Palace antes de finalizar el 4º partido de las finales de la Conferencia Este en la primavera de 1991.

Que es lo que tiene el triángulo que absorbe, enamora, pero no atrae de inmediato al ser una herramienta a largo plazo? La antítesis del control, de la disciplina militar, permitiendo que cada jugador lea la defensa y que, a partir de ahí, explote los puntos débiles de la misma. Un caos controlado, dentro de la estrategia para el partido, para la serie de playoff, para la temporada. Una filosofía de vida. Un creo en ti porque esto va de tomar decisiones. Y, mentalmente, si tienes a Jordan y a Pippen al lado, pues mejor.

Varios intérpretes capacitados para subir el balón: Armstrong, Paxson, Kerr, Harper, Jordan y hasta Pippen. No obstante, la complejidad del mismo, agravada por el grado de autonomía ofrecido a cualquiera de los atacantes dificulta el trabajo defensivo a la vez que ralentiza, necesariamente, su implementación. Y la incorporación de un cuerpo extraño, desplazado pero que encajaba como un guante en la máquina creativa de los Bulls. La noción de jugarse el tipo durante 82 partidos ofreciendo lo mejor en beneficio de un equipo resulta inconcebible para jugadores de cierto nivel. Dennis Rodman, considerado por Phil Jackson como permanentemente alejado espiritualmente del equipo. El coach dejó que el reboteador más grande la historia de la NBA fuese él mismo. Y que mantuviera su papel en la cancha dando la presencia física y la dureza que le faltaba al equipo desde la salida de Bill Cartwright. Que tomara decisiones pero sin dejar de ver el bien superior: el equipo. Que se fuese de juerga en Philadelphia, en la primavera de 1997, en un bus privado con Steve Kerr y Jud Buechler como escoltas o guardaespaldas, para el caso de que el tren descarrilara con consecuencias imprevisibles. 6 anillos después, son historia.

Al igual que a Jordan en la Costa Este, en la Costa Oeste Jackson también tuvo que bregar lo suyo. Pero en Los Angeles multiplicado por dos. Amén de conseguir la implicación de un salvaje Kobe Bryant, la lucha de egos engullidores de balón y protagonismo con Shaquille O´Neal al otro lado de la balanza amenazaba cualquier atisbo de llevar el proyecto angelino a buen puerto. No obstante, el pívot de Lousiana State reconoció que fue el propio Jackson el que le dijo: “Esto es lo que quiero que hagas, esto es lo vas a tener que dominar. Si no lo haces, no estarás aquí el próximo año”. O como el hecho de apelar a la sensibilidad de un monstruo en el poste bajo surtió el efecto deseado.

ENTRE MADRID Y PORTLAND, NEW JERSEY.

En el Real Madrid no se pudo dar la circunstancia de que estos tres jugadores formaran parte del mismo equipo en la misma temporada. Los tres pasaron por la NBA en contextos completamente diferentes. Llegaron por calidad, no cabe duda, pero también por tozudez, por dinero, por política, por lo que fuese. Cada uno en diferentes etapas de su carrera.

Fernando Martín desembarcó en Estados Unidos en 1985. Listo para la pelea y para forjarse un provenir a base de comerse el mundo como sexto hombre en los New Jersey Nets como alternativa a Buck Williams. No obstante, su agente, Lee Fentress, no cerró el trato como tenía que cerrar. Y que Jerry Krause llamara a Stan Albeck para que se fuera a Chicago a ser testigo directo de los 63 puntos de Michael Jordan en el Boston Garden, tampoco ayudó. Al año siguiente, Portland y su entrenador rookie Mike Schuler resultaron ser un agujero negro de difícil salida para Martín.

Fernando Martín con Kiki Wandeweghe y Jim Paxson, en la presentación previa a un partido con los Portland Trail Blazers (Foto: Archivo FEB) 

Drazen Petrovic, habiendo dado un salto cualitativo con y en el Real Madrid, afrontó su aventura en Portland con la ilusión de un novato, pero desconociendo el contexto que le esperaba y el entrenador que le tocaría. Tan conservador (por no utilizar otra palabra) era en aquel momento Rick Adelman como lo fue Mike Schuler. Y se estrelló. La definición de que trabajar duro, durísimo, muchas veces no es suficiente. Jornadas de sudor en bicicleta estática mientras Danny Ainge dormía en el sofá de su casa.

Arvydas Sabonis, la síntesis del unicornio. Un cerebro obsesivo-compulsivo con una precisión atómica. Pases de 28 metros. Engaños y fintas interminables, las que no le pudo hacer a su talón de Aquiles, que reventó al son de las exigencias de los jefes del coronel Gomelsky. El pívot lituano era el producto, el ídolo nacional soviético y a la vez una pieza en el engranaje. Lo trataban como tal pero para ganar títulos, tenía que estar, sí o sí. A Seúl sin rechistar. De ahí su perenne mala leche y hosquedad. A Portland llegó con una Euroliga (entonces Liga Europea) bajo el brazo y dispuesto a batirse el cobre tanto con Karl Malone como con Shaquille O´Neal, aunque ya no fuese el jugador al que el entrenador asistente de los Blazers en 1986, Jack Schalow, solía gritar: “Go to the hole, son!”. El milagro clínico del Dr. Robert Cook.

Por encima de todo, orgullo es denominador común en el recorrido vital de estos tres jugadores. Como la Copa de Europa que Fernando Martín no pudo ganar. Como el paso por New Jersey que no le hizo falta a Sabonis. Como la Recopa que le falta a Sabonis y que tenía atravesada desde Grenoble´85. Fernando aceleró demasiado. Drazen confió en que otra persona lo condujera al destino (cuando él siempre era el que decidía!). Sabonis, soldado leal y patriota, dejó que la decisión más importante sobre su salud la tomaran otros, porque valores más elevados se imponían. Tres ejemplos de jugadores tremendos que no pudieron controlar lo que, a la postre, les costaría irreversiblemente.

No obstante, a pesar de todo, un triángulo siempre se sostiene en uno de sus lados, por más que los mismos no sean iguales. Y aunque todos estos ejemplos representen un grito de innovación en su época correspondiente, no quiere decir que fuesen aceptados pacíficamente o adoptados de inmediato. La innovación, el cambio en si mismo, se suele afirmar a trancas y barrancas, bajo presión y contra detractores. No comulga con la inmediatez de la aceptación. Y aún así, entre toda esa resistencia, encontramos un lado amable, la capacidad de sorpresa. Incluso cuando la innovación, la calidad, lo bueno, ya existe, ya se ha visto, pero llega tarde y se mira con desconfianza, te sorprendes gratamente. Porque como dijo Fernando Romay en una entrevista a Pablo Iglesias, Robert Parish no tenía piel, tenía púas.

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