Segúramente muchos de nuestros lectores encuentren difícil rememorar cual fue el primer metal que nuestras mujeres tocaron como selección española. Mas complicado se hace refrescar que nuestro basket femenino cosechó el primer oro de la historia de nuestros conjuntos absolutos. Quizás los nombres de Ana Belén Álvaro, Blanca Ares o Betty Cebrián hacen poco ruido comparado con mastodontes como Corbalán, Fernando Martín o J.L Iturriaga. Lo que sí que es tanto justo como cierto, es rendir pleitesía a lo que supuso la consolidación de nuestro deporte de la canasta tras las gestas de sus colegas masculinos. La primera presea dorada en el europeo de Perugia, Italia 1993, acabó por derribar todos los prejuicios que podíamos arrastrar en una época de rápido crecimiento en España.

Para añadir si cabe más contenido melodramático a nuestra primera presea internacional, es necesario embarcarse en la máquina del tiempo y navegar por el complejo puzzle europeo de principio de los 90. Un continente en pelota picada y con el shock que supuso la repentina caída del Telón de Acero y el Muro de Berlín.

Hacía más de una centuria que los nombres Eslovaquia, Croacia, Lituania o Hungría no decían nada memorable o que los contemporáneos supieran ubicar. En el planeta basket, las citadas solo eran regiones que produjeron monstruos que jugaron para los grandes imperios como la URSS, Yugoslavia o Checoslovaquia de hecho, nuestras mujeres se batieron en duelo durante varias fases del campeonato con conjuntos que para nada habían notado esa citada desintegración.

¿Cúal era la situación histórico deportiva de España en 1993? Nuestra nación estaba en plena ascendencia dentro del panorama geosocial de la decadente era contemporánea. Pendón de tronío de la poco antes estrenada y flamante Unión Europea y una joven democracia en la que la mujer conquistó mas metas y puso mas cosas en su sitio que en los 20 siglos anteriores.

Nuestro deporte, y el baloncesto en particular, venía de un ciclo triunfal y del obvio subidón que acarreó la purpurina de Freddie Mercury, Caballé y nuestro record de medallas en Barcelona 92. Nuestra selección de la canasta arrastraba la resaca de un flamante quinto puesto, las primeras de las mortales en las olimpiadas y varios éxitos en etapa junior aquí, es donde comienza la grandeza de este equipo.

Jugadoras y técnicos que viajaron a la capital de Umbria en 1993

LOS PRECEDENTES

Todo comienza unos años atrás, 1989 en Bilbao. Un conjunto muy similar y con los mismos técnicos, Manolo Coloma y Joaquín Brizuela sentados en el banquillo puso una pica en Flandes plantando cara a las potencias intercontinentales; URSS, Yugoslavia y USA (con victoria incluida) para arrancar un quinto puesto mundial. El oro de Perugia comienza a forjarse a fuego lento en la capital de los Altos Hornos.

CON UN PIE EN PERUGIA

Y decimos bien mencionando un solo pié porque meter un segundo costó horrores en aquella eliminatoria fatídica en un pre-europeo con Checoslovaquia. Nuestras jugadoras, jóvenes promesas europeas tan solo dos años atrás se hicieron mujeres sobre el parqué a costa de caer con una selección centroeuropea extremadamente compleja en lo legal y lo criminal. Nuestras chicas tomaban in extremis el último vuelo a Italia tras la derrota de Alemania contra Israel por 9 puntos. Justo el basket average necesario para pasar.

Blanca Ares, miembro del quinteto ideal en Perugia, como curiosidad es la pareja de Sergio Scariolo, seleccionador nacional masculino. Ares es una de nuestras leyendas en el basket de selecciones.

Y PERUGIA NOS HIZO ETERNAS…

Contra todo pronóstico la selección española que llegaba como una de las cenicientas del grupo de cabeza, consiguió quemar etapas que hacían creer aun más en este grupo. No éramos ni de largo el mejor conjunto ni la mejor plantilla, ni teníamos los kilos de Rusia en la pintura ni el venenoso tiro exterior de las balcánicas para amenazar a toda la cancha, no obstante los logros en campeonatos anteriores y la lógica ausencia de las potentes Estados Unidos y Brasil nos permitían soñar con igualar lo de Barcelona 92.

La primera fase supuso las victorias contundentes contra Polonia y Bulgaria a decir verdad, dos super-equipos tocados por el hundimiento de la antigua URSS que todo lo abarcaba más allá del frío Berlín pre era informática. Un tercer y conservador partido con Italia, ambas selecciones ya clasificadas levantó las sospechas de “Biscotto” tan habituales siempre que aparecen los transalpinos en escena. “Creemos ciegamente que ambas selecciones guardábamos fuerzas para las siguientes fases puesto que ambos conjuntos realizábamos un juego y teníamos una plantilla similar”: Añadía Coloma.

Las semifinales en un europeo corto de 8 equipos supusieron, a nuestro juicio por encima de la misma final, un antes y un después en el basket femenino nacional. Una victoria contra Eslovaquia que hacía presagiar incluso, a toda la prensa continental el gran avance de la mujer deportista al sur de los Pirineos. El encuentro contra las centroeuropeas venía cargado de morbo socio-político tras la separación de la República Checa y Eslovaquia lo que entrañó la difícil decisión tomada por algunas de las mujeres a las que se les dio a elegir entre ambos países. Todas las estrellas decidieron jugar con la pequeña república eslovaca excepto una de ellas que optó por Chequia, hecho que no iba si no motivar a las Ares, Ferragut, Xantal, Geuer (estrella del basket antes que sus hijos los Hernangómez) y compañía. El resultado; palizón por un contundente 73-55 con la temible dupla Ana Belén Alvaro y Blanca Ares combinándose para anotar 40 tantos y contrarestar el empuje de Burianova y Kuklova.

Enlace al partido completo contra Eslovaquia. Fuente: RAI

LA GUERRA DE LAS GALIAS, LA GRAN FINAL

La gran final contra Francia. RAI

Honores en el pabellón para recibir a las galas y las españolas. Una vieja rivalidad como si de un comic de acción se tratara y una épica batalla como aquellas de Julio Cesar para adjudicarse la riqueza gala también porqué no, en una cancha de parqué.

Un partido trabajadísimo por parte de Coloma y Brizuela en los bancos y un abultado resultado de 10 puntos de diferencia para las chicas de rojo. Francia, tras los sucesos con Rusia y su larga y apasionante historia política, acudía como favorita al campeonato incluso incluyendo a Fijalwowski y Santianelo en el quinteto ideal. Al final y como solo podía estar escrito en el guión de las novelas e historias deportivas mas apasionantes sucumbieron ante el poderío del “Underdog” como ahora llaman los americanos al que arrastra la estela del eterno secundario.

Enlace a la estadística oficial de la final:

http://archive.fiba.com/pages/print/pages/eng/fa/game/statistic.asp38161.asp?_=1993_European_Championship_for_Women&tid=362&sid=2293&rid=1120&grid=4&gid=A

Aunque aún hoy en día este triunfo nos parezca pequeño y nunca ilustrará la portada de cualquier diario ni libro de hitos sobre la mujer en el deporte, estas 12 jugadoras demostraron como una balón naranja es capaz de brindar historias de superación, grandeza y elocuencia hasta al más inesperado de los humanos.

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